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Universidades: presentar mejor a docentes e investigadores

snaptosuit · 12 de abril de 2026

Una joven investigadora internacional busca una plaza posdoctoral. Tiene tres universidades en su lista final y compara las cátedras a las que se postularía. Abre la página de su instituto y observa el equipo con el que investigaría. Lo que encuentra la desilusiona. El titular de la cátedra la mira desde una foto de carné hecha, a todas luces, hace más de diez años, recortada de una imagen más grande. Dos doctorandos no tienen ninguna foto, solo un círculo gris con sus iniciales. Y las imágenes que sí hay proceden a ojos vista de distintas décadas y cámaras. Investigan a nivel mundial. Su presencia digital parece un hallazgo de desván.

Esa es la peculiar contradicción de muchas universidades. En laboratorios y aulas magnas nace investigación de vanguardia, se captan fondos de terceros por millones, se compite por las mentes más brillantes del mundo. Pero la imagen de las personas que sostienen esa excelencia se descuida de forma imperdonable. Y hoy la página de personas de una cátedra es a menudo el primer punto de contacto con talento, financiadores y socios de todo el mundo.

La página de personas es la carta de presentación de la cátedra

La ciencia es una competición por las personas. Las universidades compiten a nivel internacional por los mejores estudiantes, los doctorandos más prometedores, las cátedras más renombradas. Y esas personas investigan a fondo antes de comprometerse. Miran quién trabaja en una cátedra, qué impresión da el equipo, si es un lugar en el que se ven. La página de personas es, además, la más visitada de cualquier instituto, muy por delante de la lista de publicaciones.

Un retrato profesional y actual le indica a una candidata del extranjero: aquí se cuida la calidad, aquí estoy en el sitio adecuado. Una foto de carné anticuada o un marcador de posición gris, en cambio, genera una duda inconsciente. ¿Estará la cátedra quizá tan descuidada como su imagen? Es injusto con la investigación de excelencia, pero así funciona la primera impresión. El esmero de la presencia se lee como el esmero de la institución.

Para la visibilidad internacional es decisivo. Una investigadora en Singapur o Boston que se plantea una colaboración quizá conozca su instituto solo por la web. Lo que ahí ve marca su imagen de su universidad, mucho antes de escribir un primer correo. Una presencia sólida y uniforme de las personas les da una ventaja en la competición mundial que no deberían dejar escapar.

Los investigadores son a la vez marca y embajadores

En una universidad, las personas son más que empleados; son figuras públicas. A las profesoras se las invita a conferencias, conceden entrevistas, forman parte de comités técnicos, aparecen en los medios cuando su tema está en los titulares. Sus retratos se reutilizan, en los programas de congresos, en artículos de prensa, en las webs de los eventos. Hoy un investigador es siempre también una pequeña marca, y esa marca necesita una buena imagen.

Piensen en el momento en que una periodista necesita deprisa una foto en calidad de impresión de su experto en clima, porque debe pronunciarse sobre un hecho de actualidad. Si solo hay una foto de carné pixelada, esa acaba en el periódico y marca la imagen pública de su universidad. Un retrato de gran calidad, en cambio, realza cada aparición y lleva consigo su buen nombre. Las imágenes de sus personas viajan más lejos de lo que creen y llevan su reputación a lugares que no controlan.

Lo mismo vale para los estudiantes que quieren captar. Quien se decide por un máster mira a los docentes con los que aprendería. Los retratos cercanos y que transmiten competencia hacen más atractivo un programa, porque muestran: aquí enseñan personas reales y accesibles. El marcador gris, en cambio, le dice a la interesada: aquí no hay nadie que se ocupe de mí.

La vida académica es un caos de imágenes

Aquí está la verdadera dificultad. Pocas organizaciones tienen una rotación tan alta como una cátedra. Los doctorandos llegan y se van tras doctorarse en cuatro años, los posdoctorales se quedan dos semestres, los ayudantes de investigación cambian cada año, los profesores invitados están solo un semestre. La plantilla de personas de un instituto se renueva sin parar. Una sesión de fotos única quedaría anticuada antes de que las imágenes estuvieran en línea.

A esto se suma la naturaleza repartida, a menudo caótica, de la actividad. Unos están en la oficina, otros en el laboratorio, otros más van y vienen entre el trabajo de campo y el aula. No hay una instancia central que se ocupe de imágenes uniformes; cada cátedra va a lo suyo. Así que cada recién llegado sube alguna foto que tiene a mano, en cualquier calidad imaginable, y sale el conocido desbarajuste de décadas y formatos.

Un estilo de imagen uniforme en toda la cátedra sería ahí toda una declaración. Muestra un grupo de investigación que se presenta como equipo, profesional y cohesionado, en lugar de como un montón suelto de fotos individuales. Eso refuerza la identidad del instituto hacia dentro y hacia fuera. Solo que eso, con medios clásicos y ante esa rotación, es prácticamente imposible de mantener, por lo que casi en ningún sitio se logra.

Así ponen en forma las caras de su instituto

El primer paso es una decisión consciente de que la página de personas no es un asunto secundario, sino una carta de presentación en la que merece la pena invertir. Fijen un estándar uniforme de cómo se ve un retrato en su instituto y hagan que cada nueva doctoranda, cada nuevo posdoctoral reciba esa imagen al instante, no al cabo de años o nunca.

Como las sesiones fotográficas clásicas no dan abasto con la alta rotación y la actividad repartida de una universidad, conviene fijarse en soluciones modernas y sin estudio. Hoy, a partir de un simple selfie que una nueva investigadora se hace ella misma en dos minutos, se puede generar un retrato profesional con el estilo uniforme del instituto, sin cita fotográfica, sin desplazamiento, también para el profesor invitado que solo se queda un semestre. Así, la imagen del posdoctoral que empieza la semana que viene encaja al instante con la de la profesora consolidada. Al final, lo que cuenta es que su presencia digital parezca tan excelente como la investigación que de verdad nace en su instituto.