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El offboarding también afecta a las fotos en la web y en LinkedIn

snaptosuit · 11 de agosto de 2026

Hoy una salida está sorprendentemente bien organizada. Hay listas de comprobación para el portátil, para las llaves, para los accesos a decenas de sistemas. El departamento de personal va marcando punto por punto y, el último día, la persona queda desvinculada con limpieza de la empresa. Casi con limpieza. Porque hay una cosa que no figura en ninguna de esas listas, y por eso se queda pendiente. El rostro.

Mientras el ordenador hace tiempo que se reasignó, la antigua compañera sigue sonriendo desde la página del equipo. Su retrato aparece en el aviso legal, en el apartado de personas de contacto, quizá incluso en una nota de prensa fácilmente localizable en la red. Y en su perfil profesional puede que todavía figure el nombre de su empresa, aunque ella lleve tiempo trabajando en otro sitio. Esto no es un tema menor. Es una brecha que nadie nota hasta que se vuelve incómoda.

Por qué el rostro no figura en ninguna lista

La razón es banal y precisamente por eso tan persistente. Bloquear accesos es una tarea técnica con una responsabilidad clara, casi siempre en manos de IT. Retirar una foto de la web cae en una zona gris entre marketing, IT y personal, y lo que queda entre tres sillas se queda pendiente. Nadie se siente responsable, así que no pasa nada. La persona hace tiempo que se fue, su reflejo digital permanece.

A eso se suma que una imagen no avisa. Un acceso bloqueado que sigue funcionando acaba llamando la atención en algún momento. Una foto que lleva demasiado tiempo en línea no lo hace por sí sola. Simplemente cuelga ahí, quieta y paciente, y les recuerda a los visitantes a una persona que ya no tiene nada que ver con la empresa. Ese silencio es traicionero, porque vuelve el problema invisible hasta que alguien de fuera se topa con él.

El daño es mayor de lo que parece

A primera vista, una foto olvidada parece inofensiva. A la segunda, toca varios puntos delicados a la vez. Está el jurídico. El consentimiento para el uso de una imagen suele estar ligado a la relación laboral, y con el final de esta puede desaparecer también la base para la publicación. Quien entonces sigue mostrando el rostro durante meses se mueve sobre hielo fino, sobre todo si la persona ya no lo desea de forma expresa.

Está el punto humano. Para muchos, se siente mal seguir sirviendo de reclamo publicitario de una empresa que han dejado, quizá no en buenos términos. La imagen sugiere una pertenencia que ya no existe. Y está el punto de negocio. Si un interesado contacta a la supuesta persona de contacto y descubre que se fue hace medio año, toda su presencia parece desactualizada y descuidada. Un solo detalle siembra dudas sobre la vigencia de todo lo demás.

Las plataformas también forman parte

La propia presencia web es solo la mitad del asunto. Las redes profesionales son el segundo lugar donde las salidas deberían hacerse visibles, pero a menudo no se hacen. Mientras en el perfil de una antigua empleada siga apareciendo su empresa como puesto actual, se genera una imagen distorsionada. Para quien lo mira desde fuera, parece que ella sigue siendo parte del equipo. Eso no pueden cambiarlo directamente, porque el perfil pertenece a la persona, pero sí pueden mencionarlo con amabilidad y pedirlo en la conversación de despedida.

A la inversa, vale la pena echar un vistazo a las vinculaciones que ustedes mismos controlan. Las páginas de empresa en las plataformas a veces listan a los empleados, y esa lista envejece si nadie la mantiene. Quien se va debería desaparecer de ahí igual que se añaden los rostros nuevos. Eso no es un agravio hacia los antiguos, sino simple honestidad sobre el estado actual. Un equipo muestra quién está hoy, no quién estuvo alguna vez.

Así convierten la imagen en parte fija de la salida

La solución no tiene nada de espectacular. Pongan el rostro en la lista de offboarding, justo al lado del portátil y los accesos. Basta con un único punto, formulado como una tarea clara con una responsabilidad clara. Quién retira el retrato de la web, del aviso legal, de los listados internos, y quién menciona el perfil profesional. En cuanto le pertenece a alguien, se resuelve. En cuanto no le pertenece a nadie, se queda pendiente. Así de sencilla es la diferencia.

Ayuda tener un pequeño registro que anote en cuántos lugares aparece un rostro. Quien solo intuye que la foto está en varios sitios pasa por alto alguno con toda seguridad. Quien tiene una lista la va despachando. Justo aquí rinde un archivo de imágenes ordenado, en el que queda verificable qué retrato se usa dónde. Entonces la búsqueda vaga se convierte en una gestión breve y segura, y nadie tiene que adivinar si en algún rincón sigue dormitando una imagen antigua.

Al final, un offboarding limpio es también una cuestión de decencia. Quien se va tiene derecho a irse de verdad, con todo, también con su propio rostro. Las vías modernas y sin estudio para crear imágenes incluso lo facilitan, porque los retratos actuales se incorporan rápido y llenan el hueco que deja una salida. Así su imagen externa se mantiene honesta. Muestra a las personas que hoy los representan y deja que las demás se marchen con dignidad.