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Pymes con varias sedes: un mismo estilo fotográfico para todos los equipos

snaptosuit · 31 de marzo de 2026

Han crecido, y esa es una buena noticia. De la única oficina se han hecho tres, quizá en Berna, Basilea y San Galo, quizá con una pequeña delegación en el Tesino. Cada sede tiene su propio equipo, sus propias costumbres, su propio ritmo. Y en algún momento, al mirar su propio sitio web, se dan cuenta de algo incómodo. Los tres equipos parecen pertenecer a tres empresas distintas.

La sede de Berna hizo venir hace dos años a un fotógrafo: fondo oscuro, serio, clásico. Basilea hizo las imágenes ella misma con el móvil en la sala de reuniones, claras y un poco planas. San Galo sigue usando fotos de antes de la última mudanza, otra ropa, otra luz, media plantilla ya renovada. Sobre todo ello luce el mismo logotipo y, aun así, la imagen no cuadra. Quien mira más de cerca ve tres islas en lugar de una empresa.

Por qué esto perjudica más de lo que creen

Para ustedes en el día a día apenas se nota, porque viven las sedes por separado. Para quien mira desde fuera es lo primero que salta a la vista. Un cliente que primero trató con Basilea y más tarde da con el equipo de Berna percibe la ruptura sin poder nombrarla. Le da la sensación de haber cambiado de empresa, aunque haya llamado al mismo número. Esa sensación difusa de falta de uniformidad va royendo en silencio la confianza, sobre todo en servicios en los que la fiabilidad lo es todo.

También se trata de un mensaje hacia ustedes mismos y hacia su gente. Cuando cada sede cultiva su propio universo de imágenes, eso cimenta de forma inconsciente el pensar en grupitos. Nosotros aquí en San Galo, esos allí en Berna. Un estilo común no es un tema puramente de marketing, es una señal silenciosa pero eficaz hacia dentro. Formamos parte de un mismo grupo, da igual en qué escritorio nos sentemos. La cultura surge también a través de estas aparentes pequeñeces.

Y hay algo más muy concreto. Cuando se presentan a licitaciones, diseñan un folleto conjunto o participan en una feria, quieren parecer una empresa fuerte y no una cadena suelta de sucursales. Tres estilos de imagen distintos uno junto a otro en un mismo documento sabotean justo esa impresión, incluso antes de que se lea el texto.

Un estilo no significa un mismo fotógrafo para todos

La idea más inmediata es: pues contratamos una vez a un fotógrafo que recorra todas las sedes y retrate a todos. Para una pyme con equipos repartidos eso es a menudo una pesadilla logística. El fotógrafo tiene que desplazarse, en cada lugar todos deben estar disponibles a la vez, alguien está enfermo, alguien de visita comercial, alguien de vacaciones. Al final se alarga durante semanas, cuesta una pequeña fortuna y aun así queda incompleto, porque nunca estuvieron todos.

El error de razonamiento está en suponer que la uniformidad necesita a la misma persona tras la cámara. Lo que de verdad necesita es el mismo marco. Mismo fondo, misma atmósfera de luz, mismo encuadre, misma apariencia. Cuando ese marco está claramente definido, ya da igual si una imagen se hizo en Berna o en Basilea. La unificación se produce a través del estándar, no a través de la persona que dispara.

Esa es una idea liberadora, justo para una pyme con recursos ajustados. No tienen que abordar la gran acción costosa en la que todos se reúnen un mismo día. Necesitan un método que cada sede pueda aplicar por sí misma, con un resultado que, aun así, se vea igual en todas partes.

Así logran el estilo común en la práctica

Definan primero cómo debe verse su estilo, y de forma concreta y por escrito. No serio y moderno, eso no dice nada, sino tangible. Qué fondo, cuánta claridad, qué encuadre, mirada a la cámara o ligeramente de lado. Lo mejor es que se pongan de acuerdo en una o dos imágenes modelo que sirvan de referencia para todos. Cuando surge una foto nueva, la pregunta ya no es: me gusta, sino: encaja con la imagen de referencia.

Después procuren que cada sede use el mismo camino sencillo hacia ese resultado. Lo importante es que nadie tenga que improvisar, porque la improvisación es justo el motivo de la falta de uniformidad actual. Cuanto menos margen deje la aplicación concreta, más uniforme será la imagen de conjunto. Lo que surge en Berna debe encajar sin pensarlo con lo que surge en San Galo.

Planifiquen desde ya también la operativa continua. En una pyme la gente llega y se va, los equipos cambian, una sede crece. Si en cada nueva contratación tienen que volver a pensarlo desde cero, el estilo se desmorona de nuevo en un año. Fijen en su lugar que a cada nuevo integrante del equipo se le fotografíe directamente con el estilo común, como parte natural de la incorporación. Así la imagen de conjunto se mantiene estable, sin que tengan que hacer con regularidad grandes rondas de limpieza.

Una mirada honesta al esfuerzo y al beneficio

Como pyme tienen que justificar cada franco y cada hora, eso es del todo correcto. Por eso, la parte honesta. Un estilo fotográfico uniforme no es un lujo que uno se concede cuando no hay nada más que hacer. Es una palanca barata con un efecto sorprendentemente grande, porque rinde en muchos frentes a la vez. Sitio web, ofertas, redes sociales, presencia en ferias, todos se benefician del mismo estándar definido una sola vez.

El esfuerzo es hoy mucho menor de lo que sugiere la imagen del fotógrafo itinerante. Las soluciones modernas, sin estudio, permiten generar retratos uniformes en cada sede, en parte ya a partir de buenos selfies de los empleados, sin que todos tengan que estar a la vez en un mismo lugar. Que tomen ese camino o uno clásico con directrices claras queda a su elección.

Lo decisivo es la actitud que hay detrás. Ustedes no son tres pequeñas oficinas que casualmente comparten el mismo logotipo. Son una empresa en varios lugares. En cuanto sus fotos lo muestren, cambia cómo los percibe su clientela y, siendo honestos, también cómo se ven sus propios equipos a sí mismos. Un mismo estilo para todos no es, al final, un tema de imagen. Es una declaración de que forman parte de un mismo grupo.