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Miembros del consejo: se acabaron las fotos de distintas décadas

snaptosuit · 31 de mayo de 2026

Hay una página en casi toda memoria anual que nadie cuida y que todos leen. El listado del consejo de administración. Allí se alinean los retratos de los miembros y, quien mira con atención, viaja en el tiempo. Una imagen es a todas luces reciente, nítida y moderna. La de al lado procede de una época en la que las fotos aún tenían un velo suave y un cuello ancho. Una tercera fue evidentemente fotografiada a partir de otra foto, algo torcida, algo amarillenta. Cuatro personas, cuatro décadas, una página.

A primera vista parece inofensivo, casi entrañable. Pero imagínense quién mira de verdad esa página. Un analista que valora la empresa. Una periodista que investiga una historia de gobierno corporativo. Un gran inversor que se plantea confiarles su capital. Esas personas leen cada señal, porque su oficio consiste en sacar grandes conclusiones de pequeños indicios. Y un consejo cuyas imágenes proceden de distintas décadas envía una señal que, con seguridad, no quieren enviar.

Qué cuenta en realidad la mezcla de imágenes antiguas

Un consejo de administración representa la supervisión, la actualidad, la mirada despierta sobre la empresa. Debe ser el órgano que no pasa nada por alto y que va con los tiempos. Si ahora, precisamente, las imágenes de ese órgano están anticuadas y revueltas, surge una leve contradicción. Quien mira no lo piensa en voz alta, pero sí a medias. Si ni siquiera mantienen actualizadas sus propias fotos, con qué precisión miran entonces las cifras. Es injusto, cierto. Y aun así ocurre, porque el ojo juzga más rápido que la razón.

Los retratos anticuados despiertan además una pregunta incómoda. Qué actualidad tiene siquiera este órgano. Una imagen de hace veinte años hace suponer que aquí lleva mucho tiempo sin moverse nada. En una época en la que los inversores se fijan justo en la renovación, en la diversidad, en el aire fresco del órgano de supervisión, la impresión de inmovilismo es un riesgo real. La foto se convierte en símbolo involuntario. Dice, aquí se aferran al pasado, aunque quizá eso no sea cierto en absoluto.

Y luego está el simple oficio. Una imagen refotografiada, torcida y amarillenta junto a una de nitidez impecable resulta descuidada. En un órgano que representa el rigor y el control, el descuido en la presencia es una ruptura con el propio papel. De un consejo de administración se espera que tenga las cosas bajo control. La propia presencia visual forma parte de ello, se quiera o no.

Por qué en los consejos sale mal con especial frecuencia

La causa del caos rara vez es la indiferencia. Está en la propia naturaleza de un consejo de administración. Los miembros no son empleados a los que se cita una tarde al estudio fotográfico. Son personalidades experimentadas y, por lo general, muy ocupadas, a menudo en varios órganos a la vez, con frecuencia en lugares distintos y en países diferentes. Un nuevo miembro trae sencillamente la foto que ya tiene de antemano, casi siempre de otro mandato. Nadie pregunta, porque parece descortés pedirle a un miembro veterano del consejo una foto nueva.

Así, la colección crece a lo largo de los años de forma orgánica y sin planificar. Cada incorporación por sí sola es comprensible. En su conjunto surge una colcha de retazos que nadie decidió nunca. Y como siempre se suma un único miembro cada vez, la fractura creciente no se advierte jamás, hasta que un día alguien contempla la página entera como un todo y se pregunta cómo pudo pasar esto.

A ello se suma cierto reparo. Quién se atreve a pedirle a la venerada decana del órgano que se haga una foto actual. Justamente esa contención es la razón de que el problema sea tan persistente. No falta voluntad, falta un camino elegante y respetuoso para poner a todos al mismo nivel.

Uniforme significa digno, no idéntico

Ahora alguien podría objetar que un consejo de administración se caracteriza justamente por la individualidad, por personalidades con su propia historia. ¿Hay que uniformarlas ahora a todas? No, no se trata de eso. Aquí, uniformidad no significa encajar a personas experimentadas en un molde. Significa darles a todas el mismo marco digno.

El mismo fondo tranquilo, una luz comparable, un encuadre similar. Dentro de ese marco, cada personalidad permanece plenamente visible. Los rasgos, la edad, la presencia, todo permanece como es, y así debe ser. El marco común solo sirve para que esas personas distintas se reconozcan como un órgano que forma un conjunto y se muestra con el mismo cuidado. Es una muestra de respeto darle a cada miembro la misma presencia profesional, en lugar de presentar a uno reciente y a otra en una foto antigua y apagada.

Un consejo fotografiado con coherencia irradia justo lo que debe. Orden, actualidad, un órgano a la altura de los tiempos. La experiencia de los miembros no se empequeñece por ello, incluso resulta más solvente, porque queda plasmada en una imagen clara y presente en lugar de en un recuerdo desvaído.

Un camino que no deja en evidencia a nadie

La solución no debe rozar ni un solo punto sensible. Nadie debe sentirse expuesto porque su imagen se marque como anticuada. Por eso, el camino más elegante es elevar a todo el consejo de administración de forma conjunta a un estándar nuevo y uniforme, como parte natural del mantenimiento de la memoria y no como una crítica a individuos. Si a todos se les fotografía de nuevo, la petición pierde su matiz embarazoso. Ya no es un reproche, sino una actualización común.

Justo aquí fracasa el enfoque clásico. Reunir a todos los miembros del consejo a la vez en un estudio es prácticamente imposible, sus agendas apenas lo permiten, y viajar solo por una foto no se le puede pedir a nadie. Ese es el punto en el que el camino habitual se rinde una y otra vez y uno se queda con la vieja colcha de retazos.

Las soluciones modernas, sin estudio, esquivan este cuello de botella. Convierten una toma sencilla, que cada miembro puede hacerse cómodamente en su sitio, en un retrato uniforme y digno, del mismo estilo que los demás. Sin cita común, sin estudio, sin viaje. Así, su consejo obtiene por fin lo que corresponde a un órgano de supervisión. Una presencia de una sola pieza, actual y cohesionada, en lugar de un viaje en el tiempo por cuatro décadas en una única página.